LA CONTROVERSIA LLAMADA CONSTANTINO

 LA CONTROVERSIA LLAMADA CONSTANTINO

Es celebrado por personas que lo ven como el salvador de la iglesia que, perseguida por el imperio, podría terminar con la muerte de sus líderes más destacados. Otros lo ven como el emperador que oficializó el cristianismo como religión y dio entrada a la política y las tramas dentro de la iglesia, desvirtuándola, especialmente a través de la jerarquización del clero.

No hay una palabra final sobre Constantino, porque hay nieblas históricas, lapsos de datos y lecturas ideológicas, tanto de quienes lo defienden como de quienes lo atacan.

La promulgación del Edicto de Milán el 13 de junio de 313 concedió tolerancia y libertad de culto a los cristianos. Después de tantas persecuciones, martirios y exilios, pudieron tener una paz relativa. Sin embargo, este decreto trajo consigo una serie de efectos secundarios.

La iglesia, que debería ser una, enfrentó problemas con ideas y doctrinas que tensionaban la comunión. El surgimiento del docetismo, el adopcionismo, el gnosticismo (por citar los más conocidos) fueron amenazas. La libertad otorgada podría traer problemas a la iglesia, con esta proliferación de doctrinas cuestionables.

La Iglesia primitiva no tenía un canon establecido, algunos escritos circulaban regularmente en parte de las iglesias (Pastor de Hermas y Didache, por ejemplo) e incluso el AT no estaba formalmente establecido. Jesús no dejó pautas doctrinales específicas (un manual de teología), y sus enseñanzas, especialmente las parábolas, han dado lugar a diversas interpretaciones.

El surgimiento de variantes motivó el énfasis en repetir la enseñanza de los apóstoles y sus discípulos, porque, se creía, eran fieles en transmitir lo que habían aprendido directamente de Jesús. Su enseñanza se convirtió en la verdad. Cualquier cosa que no armonizara con lo que los padres y sub-apóstoles enseñaron se consideró incorrecto.

La controversia y la posibilidad de división hicieron que Constantino, en uso de su poder imperial, convocara un concilio para tratar el asunto. Al imperio no le interesaba la iglesia dividida, pues sería un elemento más de tensión dentro de algo que se pudría y que poco después se dividiría en dos.

El Concilio de Nicea, en 325, convocado por el emperador, inició el matrimonio iglesia/estado. La decisión del concilio fue el "establecimiento de la verdad" y la condenación de los herejes. La iglesia estaba dividida entre creyentes y apóstatas. Los fieles fueron empoderados y encargados de execrar a aquellos que pensaban diferente. Incluso sin darse cuenta, jugaron el juego del imperio y ganaron estatus político. Los obispos se convirtieron en figuras políticamente respetadas, con aduladores y séquitos que los cortejaban. La Iglesia “fiel” comenzó a ser frecuentada por quienes querían estar cerca del poder y quienes querían ascender social y económicamente. Las iglesias dejaron de ser espacios de comunión para convertirse en escalones de ascensión política, social y económica. Los obispos eran tanto más "obispos" cuanto más cerca parecían del emperador. Fueron al palacio a rezar por el imperio y el emperador.

Los obispos se sentían animados y empoderados para demonizar a los diferentes, creando comunidades de iguales, con las mismas ideas y visiones del mundo. La iglesia deja de ser el espacio de intercambio de ideas y enriquecimiento para ser el lugar de la repetición. La mismidad se impone, porque el verdadero cristiano solamente podría repetir lo que dijeron los obispos.

La “iglesia fiel” ha apostatado, casándose con el poder político.

Marcos Inhauser


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