LA PROGRESIÓN DE LAS REFLEXIONES EN LA IGLESIA

LA PROGRESIÓN DE LAS REFLEXIONES EN LA IGLESIA


Desde el principio la iglesia enfrentó dos problemas: teológico y político. El primero es el resultado de los filósofos griegos que influyeron en los teólogos. La mente griega dividía el mundo en dos esferas: divina y terrestre. Para Platón, el primero es el reino de los absolutos, el reino de las ideas, y el segundo es el reino de la realidad. Estas dos esferas no se tocan. La realidad nunca alcanza la perfección porque la perfección es un atributo del mundo divino.

Este tipo de dualismo produjo las primeras herejías que enfrentó la Iglesia cristiana. El gnosticismo es uno de ellos. Las cosas divinas son perfectas, las cosas terrenales son malas. El mundo visible no fue hecho por Dios porque Él es inherentemente perfecto y no pudo haber hecho este mundo que es imperfecto. Jesucristo no podía ser divino y humano al mismo tiempo. O era un hombre adoptado por Dios como hijo (adopcionismo) o era completamente divino y solo tenía apariencia física (docetismo).

Los primeros cuatro Concilios Ecuménicos de la Iglesia Cristiana manejaron esta tensión. Finalmente, la iglesia declaró la "unión hipostática", afirmando las dos naturalezas de Cristo: la divina y la humana, coexistiendo en perfección, sin que una sea menor o mayor que la otra. Esta declaración fue la forma de reconciliar ambos mundos: el divino y el terrestre, sin tensión, pero en armonía.

La iglesia en ese momento estaba más involucrada con la cristología que con la eclesiología. En el proceso histórico, la iglesia se preocupó por la dimensión pedagógica de la iglesia. El desarrollo de la reflexión teológica de la cristología a la eclesiología se dio entre dos referencias: la pureza o apostolicidad de las enseñanzas de la iglesia y la pureza de la vida de la iglesia provista por la pura enseñanza. La primera era una forma de dar poder a quienes conocían las enseñanzas de Jesús por haber sido testigos o por haber escuchado a los que habían sido testigos, y la segunda era una forma de reconciliar las dos esferas: la persona puede vivir en este mundo como un ciudadano divino, viviendo santo en medio de un mundo en pecado.

Pero la tensión se mantuvo. Agustín, influenciado por una nueva versión del platonismo producida por Plotino, vuelve a poner en tensión la reflexión. Escribió en contra de quienes afirmaban que el cristianismo era responsable de la caída del Imperio Romano. La fe cristiana y el poder político, para sus acusadores, son antagónicos. Agustín rechazó la afirmación en su obra “Ciudad de Dios” donde, nuevamente, los mundos divino y terrestre están en armonía, aunque no se cumplan en la realidad histórica.

En este momento estaba el movimiento monástico que insistía en una vida aséptica y recluida. La madurez espiritual era posible, afirmaban, solamente cuando se vivía aislado de este mundo.

A pesar de esto, la iglesia estaba encontrando maneras de reconciliar el poder espiritual con el político. La iglesia romana creció en importancia, influencia y poder. Su obispo ya no era un local, sino cada vez más un universal.

Marcos Inhauser


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