LA RELIGIÓN DEL MÉRITO NO ES PARA AFICIONADOS
LA RELIGIÓN DEL MÉRITO NO ES PARA AFICIONADOS
Una vez que el niño nace, debe ser bautizado para recibir el nombre, la ciudadanía y la salvación. El nombre es conferido "en la pila bautismal", la ciudadanía viene con el nombre y los registros eclesiásticos de los bautismos realizados y la salvación por gracia impartida por el sacramento.
Durante la vida, la persona religiosa debe orientar la agenda de comportamiento individual, obedeciendo a los cánones. Las reglas morales, abundantes por cierto, son propias de todas las religiones que sitúan el mérito como bien salvífico. Dependiendo de la religión, los nombres pueden variar: santificación, sublimación, ascetismo, kharma, consagración, dedicación, fidelidad, etc. Comportándose de acuerdo con las normas religiosas, la persona tendrá menos probabilidades de ser enviada al purgatorio o al infierno. Como nadie está nunca seguro de ser lo suficientemente bueno, el castigo pende sobre la cabeza de la persona fiel a la religión, como la espada de Damocles.
Como si la tarea hercúlea de salvarse a sí mismo no fuera suficiente, el fiel debe seguir preocupándose por los que ya han muerto porque debe crear créditos salvíficos con su comportamiento fiel y santo y también debe interceder continuamente por los que ya han muerto.
No se puede olvidar que si vive disolutamente o comete el pecado mortal de calumniar a la iglesia, recibirá la excomunión, sentencia garantizada del infierno eterno.
También debe crear relaciones significativas para que, después de su muerte, haya quienes la recuerden con cariño y añoranza y así garantizar quién intercederá por su alma después de que muera y vaya al limbo.
En esta peregrinación religiosa, también debe confesar regularmente sus pecados a un sacerdote, quien determinará qué obras o penitencias debe hacer para ser absuelta de los pecados confesados. También debe buscar con toda diligencia tener una indulgencia plenaria, para que el alma pueda escapar de la fugacidad del purgatorio, que, aun con la indulgencia en la mano, no garantiza escapar de la purgación.
Cuando se tiene mucho kilometraje en el cuentakilómetros de la vida, se debe tener cuidado, informando a los familiares que no se olviden de se reciba la extremaunción en el lecho del moribundo y, preferentemente, acompañada de una generosa ofrenda, prueba de fidelidad religiosa. Muerto, depende de quienes lo recuerdan y celebran misas por la intención de su alma.
Hecho todo esto, aún no estará segura de que saldrá libre del purgatorio. De lo que puede estar segura es de la condenación si algunos de estos elementos y eventos religiosos no se cumplen o se vuelven dignos de excomunión. Uno puede estar seguro del infierno. El cielo nunca es seguro.
Parafraseando a Tom Jobim, “la religión basada en los méritos no es para aficionados”
Marcos Inhauser
Comentarios
Publicar un comentario