UN SER EN BUSCA

 UN SER EN BÚSQUEDA

Lutero, para mí, fue un monje católico atormentado por las preguntas que hacía ya las que la religión no le daba respuestas satisfactorias. Viviendo en una época dorada, cuando muchos genios paseaban por las calles de Florencia, Milán, Roma (Da Vinci, Miguel Ángel, Erasmo, Tomás Moro, entre otros), influenciados por las ideas humanistas y renacentistas, apenas podía dormir con sus atormentadoras preguntas. Un día le cayó un “rayo” en la cabeza y tuvo la iluminación de la “justificación por la fe”, salió a proclamar, puso las 95 tesis en la puerta de la Catedral y se convirtió en una celebridad.

Nada más ingenuo e ingenuo he sido durante mucho tiempo. Era más fácil creer en el destello que le dio la formulación central de sus ideas que investigar, estudiar y leer mucho para entender el proceso de construcción del pensamiento de Lutero. 

No me considero un experto en Lutero y su teología. Estudié mucho sobre la Reforma y apenas entiendo lo que pasó y lo que representó en la historia de la humanidad. Tengo mis reflexiones, conclusiones y evaluaciones sobre las influencias de los pensamientos reformados en la iglesia moderna.

Como vimos en posts anteriores, la situación de la iglesia en los siglos XV y XVI era muy complicada, con problemas de corrupción y escándalos sexuales. Se exacerbó la teología del mérito para facilitar la venta de indulgencias. La inseguridad sobre la salvación, nunca definida por la iglesia, trajo una enorme ansiedad social y tensiones en el sistema socioeconómico. Reyes, duques, terratenientes y el pueblo se sentían explotados por la tributación y los impuestos. El miedo a la excomunión estaba presente, a causa del terrorismo del Estado/eclesiástico.

En este ambiente, hay que analizar la figura de Lutero, que no fue una isla en el océano de los acontecimientos.

Marcos Inhauser


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