DIMENSIÓN POLÍTICA DEL SACERDOCIO UNIVERSAL

 DIMENSIÓN POLÍTICA DEL SACERDOCIO UNIVERSAL


La comprensión de Lutero sobre el sacerdocio universal de todos los creyentes se basó en varios textos bíblicos. Uno de ellos, I Pedro 2:9: "vosotros sois el pueblo escogido, real sacerdocio, nación santa, heredad de Dios, para proclamar las maravillas de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable". Lutero creía que, junto con otros textos del NT, se afirmaba que todos los creyentes tienen acceso directo a Dios y son independientes de los intermediarios. Para Lutero, el papel del sacerdote era ser maestro y guía y no un mediador entre Dios y la gente. Lutero articuló el concepto en "El cautiverio de la Iglesia en Babilonia" (1520).

En oposición a la Iglesia Católica con su jerarquía estructurada de sacerdotes, obispos, arzobispos, cardenales y papa, Lutero creía que todos los cristianos son iguales ante Dios. Rechazó la idea de que algunos, como sacerdotes o monjes, fueran más santos o más cercanos a Dios que otros. También criticó el énfasis en los rituales y prácticas externas, como los sacramentos y la veneración de los santos. Él creía que la verdadera fe y el crecimiento espiritual provenían de una relación personal con Dios, no de seguir reglas y tradiciones.

Fue su la salida de la posición católica que tuvo una clase distinta y privilegiada en el clero. Lutero empoderó a las personas para que asumieran la responsabilidad de la vida espiritual y sentó las bases para el desarrollo de una sociedad más democrática e igualitaria.

Se puede ver que, para Lutero, el sacerdocio universal no necesitaba un sacerdote o religioso calificado para confesar los pecados a Dios, o para orar por la persona, pues tenía este acceso garantizado a Dios. Sin embargo, cuando los anabautistas extienden esta idea y la llevan al hecho de que el bautismo, para ser válido, no requiere un clérigo, sino que puede ser realizado por otro cristiano, en igualdad de condiciones, que la Cena no es un sacramento y no requiere palabras correctas para consagrar los elementos y garantizar los “medios de gracia”. Produjeron una revolución, a la que los reformadores se opusieron amarga y cruelmente. Prescindieron del clero para bautismos, cenas, bodas u oración por los enfermos terminales. Ya no necesitaban la aprobación del obispo para plantar iglesias. Ellas empezaron a aparecer por todas partes, sin ningún control episcopal ni eclesiástico. La institución iglesia ha vuelto a ser una iglesia-organismo, con vida propia y crecimiento espontáneo.

Si ya no se necesitaban clérigos para actos de “extrema importancia y alto contenido misterioso”, ¿por qué de tener sacerdotes, sacerdotes, obispos, cardenales y papas?

Se jugó el juego del poder. Los anabautistas eran una afrenta al poder eclesial, tanto católico como reformado. La sentencia: “muerte a los herejes anabautistas”, con la bendición del clero institucionalizado.

Marcos Inhauser


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