¿SACRAMENTO U ORDENANZA?
¿SACRAMENTO U ORDENANZA?
Los tres reformadores estuvieron de acuerdo en casi todo menos en la cuestión sacramental. Lutero y Calvino creían en los sacramentos como medios de gracia, mientras que Zwinglio no aceptaba la sacramentalidad de la Cena y el bautismo, entendiendo que eran simples ordenanzas dejadas por Jesús. Los fieles debían obedecer, sin que, al hacerlo, recibieran ninguna bendición especial por el acto.
Entrar en el campo bíblico y teológico para resolver el tema es un terreno pantanoso, dado que el documento "BEM - Bautismo, Eucaristía y Ministerio" que está siendo debatido en el Consejo Mundial de Iglesias, buscando un entendimiento consensuado sobre los temas, no ha llegado a un acuerdo después de décadas de discusión.
El asunto, me parece, debe ser visto desde un punto de vista político. Cuando se afirma la sacramentalidad de la Cena y el bautismo, se pone énfasis en la estructura y jerarquía eclesiástica. Al ser un sacramento, solo los sacerdotes o clérigos ordenados por la iglesia pueden celebrarlos. Así, enfatizar la sacramentalidad es reforzar el poder de una élite privilegiada en la iglesia: aquellos que han recibido el aval de la estructura de poder para celebrar.
Al negar la sacramentalidad y enfatizarla como simple acto de obediencia, los reformadores radicales le estaban quitando a la iglesia el poder de bendecir a través del sacramento. Esto va de la mano con el sacerdocio universal, donde todos son sacerdotes. En este entendimiento, los Reformadores Radicales no necesitaban un sacerdote para bautizarlos, sino que escogían a uno de ellos para ser bautizado y él bautizaba a los demás. Se rompía así una regla de oro de la sacramentalidad: el carácter clerical del oficiante. Tampoco necesitaban la aprobación del obispo para fundar iglesias, bautizar y celebrar la Cena. Loa Anabatistas negaron la máxima patrística de que “donde está el obispo, allí está la iglesia”. Se instaló la democracia eclesial, donde todos tenían los mismos derechos.
No sorprende que los anabautistas fueran perseguidos y diezmados. Subvirtieron el orden eclesial que, durante siglos, se había establecido y funcionado satisfactoriamente tanto para reyes como para papas y sacerdotes. Para los reformadores clásicos, aquellos que tenían dificultades para llevar hasta las últimas consecuencias sus postulados (como es el caso de Lutero y su versión del sacerdocio universal), los anabautistas eran herejes habituales. Fueron perseguidos y diezmados como "mosquitos en una noche de verano". Tantos fueron martirizados que los menonitas tienen un compendio ("Espejo de los mártires") que enumera a los muchos que fueron martirizados por su fe anabautista.
Marcos Inhauser
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